Se comienzan a sentir los primeros efectos del bloqueo petrolero: transporte paralizado en La Habana por falta de combustible

Se comienzan a sentir los primeros efectos del bloqueo petrolero: transporte paralizado en La Habana por falta de combustible
CUBAHERALD news

La creciente escasez de combustible en Cuba comienza a reflejarse con mayor intensidad en la vida cotidiana. Este 5 de febrero de 2026, autoridades vinculadas al sistema de transporte público en La Habana confirmaron la suspensión prácticamente total del servicio urbano de pasajeros debido a la falta de hidrocarburos, una situación que también se extiende a otras provincias y sectores productivos.

La interrupción de importaciones de petróleo, agravada por nuevas presiones externas y la reducción de suministros tradicionales, ha colocado al país en una coyuntura energética especialmente compleja. El impacto inmediato ha sido la reducción drástica del parque de ómnibus en circulación, con largas filas en las paradas, dificultades para asistir al trabajo y afectaciones visibles en la actividad económica de la capital.

Autoridades del sector reconocen que actualmente no existe combustible suficiente para sostener las rutas principales, alimentadoras ni complementarias. La paralización del transporte urbano confirma el deterioro progresivo de la infraestructura energética cubana, ya tensionada por apagones frecuentes, escasez de repuestos y limitaciones financieras para adquirir petróleo en el mercado internacional.

Desde el Gobierno se ha admitido que los envíos de crudo han disminuido desde finales de 2025 y que las condiciones internacionales han encarecido o dificultado nuevas importaciones. Como respuesta, se prioriza el combustible disponible para hospitales, sistemas de agua, producción alimentaria y otros servicios considerados esenciales, aunque estas medidas no han logrado evitar la interrupción del transporte público.

El escenario plantea interrogantes sobre la sostenibilidad económica a corto plazo. Sin una estabilización del suministro energético, especialistas advierten que podrían incrementarse las dificultades logísticas, el encarecimiento del transporte de mercancías y la presión sobre el ya debilitado consumo interno. La movilidad urbana, elemento clave para la productividad, se ha convertido en uno de los indicadores más visibles del deterioro.

En términos políticos y económicos, la crisis actual evidencia la alta dependencia estructural del petróleo importado y la vulnerabilidad del sistema energético nacional ante cambios geopolíticos. También reabre el debate sobre la necesidad de reformas profundas en la matriz energética y la gestión económica, un tema recurrente que hasta ahora no ha encontrado soluciones duraderas.

Mientras tanto, para millones de cubanos, la paralización del transporte no es solo un dato macroeconómico: representa dificultades concretas para trabajar, estudiar o acceder a servicios básicos, consolidando un escenario social cada vez más tenso.

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